lunes, 8 de marzo de 2010

Allí donde lamo mis heridas

Todo el mundo tiene, o eso creo yo, un sitio al que le gusta ir como los animales heridos a lamer sus heridas en la guarida, un sitio donde cargar pilas. Es ese sitio donde permites a tu conciencia, responsable y cargada de tareas, relajarse por un tiempo y liberarla de las preocupaciones que ocupan casi la totalidad de su tiempo.
Yo también tengo ese sitio, por eso cuando mi gran amigo y compañero de andanzas en ese sitio (y en casi todos) me propuso hacer una excursión rápida de viernes tarde a sábado tarde a Santa Pola, no me lo pensé ni un momento. Desde que con 18 años fui por primera vez allí con él tuve la sensación de que aquel sitio iba a ser muy especial para mi.
Para empezar es mar. Adoro el mar, yo que soy del interior y que me paso la mayor parte del tiempo sin olerlo, cuando pasa mucho tiempo sin visitarlo, tengo una especie de síndrome de abstinencia que no es fácilmente identificable como tal pero que cuando me lo quito contemplando el horizonte marino, escuchando el runrún cadencioso de las olas, oliendo el salitre, haciendo que inunde mis pulmones y notando que una paz inmensa me invade, me doy cuenta de lo mucho que lo he necesitado sin darme cuenta de ello.
¿Y qué tiene Santa Pola de especial que lo distinga del resto de pueblos costeros de este país o de cualquier otro? Pues para el resto de las personas nada. Tiene su paseo marítimo como todos, su puerto pesquero, sus calles de villa costera levantina, tan típicas y repetidas en cualquier pueblo de Alicante, Valencia, Castellón, incluso todo el Mediterráneo. Pero para mi, y unas cuantas personas que conozco que creo que compartirán ésto, aquel sitio tiene de especial la sensación vital que provoca estar allí. Si, el solo hecho de andar por sus calles, departir con su gente, notar que la vida allí es distinta, más relajada, con otra filosofía. Por supuesto la gran cantidad de buenos recuerdos acumulados durante años es otro factor importante pero es que siempre fue así, desde el primer día que lo visité.
Los amigos que viven en Madrid y van (o iban) allí de vacaciones y los que viven todo el año, son muchos, algunos que todavía conservo, otros cuyo contacto perdí y seguro que nunca veré, pero de todos ellos guardo el recuerdo de muchas experiencias de juventud y, la inmensa mayoría de ellas, me hacen sonreír cuando acuden a mi mente.
Aquello empezó siendo un sitio de vacaciones y al poco se fue convirtiendo en lugar de peregrinación en cualquier momento del año, especialmente en aquellos momentos de bajón personal, agotamiento laboral o malestar sentimental. No era raro que un viernes, al salir de trabajar a las 10 de la noche de la academia que regentábamos con tan sólo 18 años, se produjera la siguiente conversación:
- Joder, estoy agotado, me duelen hasta las orejas
- Pues ya somos dos
- Tengo unas ganas de coger la cama y darle una paliza de las de 10 horas....
- Pues no sería mala idea, pero creo que lo que nos vendría mejor sería una copeja en El Pedal (bar de copas de Santa Pola).
- Bueno, son menos de cuatro horitas, si salieramos ahora, estaríamos allí con tiempo de ver a la gente.
- ¡No hay huevos!
- ¿que no?, llama a casa que te vayan preparando una bolsa con cuatro chorradas que yo voy a hacer lo mismo. Seguro que nos encontramos allí a más de uno de la panda.
Y claro, lo hacíamos. 425 km aprox. en menos de 4 horas y para pasar el finde y terminar comiendo el domingo un caldero en un chiringuito a 10 metros escasos de las olas.
Este viernes pasado me sonó a eso (no sólo a mi) y así fue.
También se dio el caso de pedir una semana de vacaciones sólo para recuperarse de un amor frustrado o al menos empezar la recuperación e irme allí sin nadie más. Dar largos paseos a la orilla del mar, terminar en el espigón del puerto y sentarse allí a disfrutar de ese tremendo espectáculo, llorando a veces no sólo por la tristeza provocada por ese desengaño, sino de emoción pura.
No es preciso decir que, ahora, con 40 años y después de la peor experiencia de mi vida, he vuelto allí, provocando también el mismo efecto balsámico. ¿existe algún sitio mejor donde cicatrizar las heridas del alma que allí donde estás a gusto y simplemente el aire y la contemplación de un paisaje te acarician el corazón y lo acunan casi como el mejor de tus amigos?

9 comentarios:

  1. Hola!
    entiendo lo que decis. A veces uno recurre a algún sitio específico donde encuentra algo de paz, otras veces ese lugar simplemente es un espacio tranquilo y silencioso donde uno puede encontrarse consigo mismo (el banco de una plaza, un café, el banco de una iglesia, etc).
    Ojala puedas ir más seguido ahi, para encontrar paz y sanar tus heridas.
    beso

    ResponderEliminar
  2. Hola Sole, por alguna razón desconocida para mi, tu comentario ha desaparecido tras haberlo leído y publicado, sorry ;-), pero lo he visto y si, la idea es esa, ir de vez en cuando y disfrutar del tiempo allí.

    ResponderEliminar
  3. Gracias a dios existen lugares que nos dan la paz interior que necesitamos, que nos cargan las pilas y hacen que volvamos a la vida diaria con otro talante.
    Igual que éstos lugares, tambien hay personas cercanas que producen el mismo efecto.
    Sigue así, disfrutando de la vida........

    ResponderEliminar
  4. Claro Miriam, seguro que tú también tienes lugares así, y si no, seguro que los encuentras. Es cierto, afortunadamente existen esas personas .....
    Graciasssssssssssssss ;-)

    ResponderEliminar
  5. Disfrutar de esos placeres es lo que vale la pena en esta vida, un lugar encantador y unos amigos, una combinación perfecta.

    Tener el mar cerca es un placer y un privilegio al que no he podido renunciar (lo intenté trabajando en Madrid y duré tres meses). Seguro que eso ayuda a ver las cosas de un mejor color. Vuelve pronto y siéntete bien!!

    ResponderEliminar
  6. Se ve que has entendido a la perfección lo que quería contar en este post y se ve que compartes el mismo sentimiento con la ventaja de que tu vives allí. Enhorabuena. Yo de momento ya tengo fecha para ir: en semana santa. Menos da una piedra. ;-)
    Saludos

    ResponderEliminar
  7. Empecé a leer tu blog el viernes y me sorprendió mucho descubrir esa nueva faceta tuya de escritor. No pude evitar que los ojos se me pusieran vidriosos leyendo tu última entrada. Me recordó a mi roca en la costa malagueña donde solía ir a lamer mis heridas. Ahora la vida me sonríe y ya no le cuento penas a mi roca. De todo se sale y tú saldrás también. Mucho ánimo. Seguire leyéndote. CC

    ResponderEliminar
  8. Hola anónimo, y tú que lo veas. Me alaba que pienses que no lo hago mal del todo y sobre todo que te haya llegado a emocionar así. Besos

    ResponderEliminar