Pues bien, creo que voy a seguir intentándolo. Como ya dije, al final, el empezar a teclear me relaja un tanto y seguro que Elena tiene razón cuando dice que esto es terapia...
Ahora se presenta el dilema de qué contar, qué puedo decir que no se haya dicho y, es en ese momento cuando me doy cuenta de que no importa, que todo ésto tiene sentido si lo que escribo me sale del corazón, tal como dijo alguno de los pocos lectores que tuvieron a bien entrar a ver qué decía en mi presentación.
La vida en solitario no está nada mal. Tiene sus inconvenientes tales como una cierta morriña nocturna cuando llegas de trabajar y los únicos que pueden escuchar tus andanzas del día son los peces del acuario. Por lo menos ellos no critican lo que les cuento... Ahora bien, tiene sus ventajas que, con el tiempo se van haciendo más y más patentes: No tengo que consultar con los peces qué canal de tv queremos ver, esto es una dictadura y aquí se hace lo que yo mando. Los pobres acatan como buenos ciudadanos de mi república bananera. Puedo vestir en casa como me da la gana, incluso, con el permiso de la temperatura, ir en pelotas si me place, el dictador no viste mal ni hace el ridículo, crea modas. En mi República, viene como invitado o invitados quienes son mis amigos, no tengo porqué aguantar diplomáticos de otros países que no me caigan bien. Puedo entrar y salir de la República cuantas veces me venga en gana y por el periodo deseado pues el toque de queda sólo reza para los peces, cuando se les apaga la luz automáticamente. Puedes poner en tus terrenos los edificios y adornos que tú crees que son funcionales y/o para ti tienen algún atractivo y, salvo el económico, no hay ningún factor ni opinión más. Les pregunté a los peces en un referendum sobre el mobiliario pero... no votaron, ¡qué poco civismo! o.. ¿es posible que sepan que si el resultado no me agradaba, hubiera hecho fraude electoral...?
Es cierto que mi República es pobre y el dictador no se enriquece, pues los habitantes no producen y las continuas actividades de éste son caras de mantener pero aún así, los ingresos son exclusivamente para cubrir los gastos y para financiar esas actividades, nada de ayudas al extranjero ni a habitantes descontentos y/o ociosos.
Pues bien, todas estas jilipoyeces tienen su trasfondo, que seguro que muchos entenderían y reconforta cuando piensas en ello. Poco a poco te vas dando cuenta de que la casa que tanto te cuesta mantener y poner en marcha se va convirtiendo en tu HOGAR y, ya sabemos que los humanos somos animales sedentarios que consciente o inconscientemente tienen a buscar un refugio propio donde sentirse bien tras las largas y agotadoras jornadas para disfrutar de momentos de descanso y relax.
Yo lo voy consiguiendo, lento, pero seguro. Lo demás, ocio, diversión, etc ya va llegando, tendré que hablar en otras entradas de la apretura de la agenda del recién divorciado, de lo que espero de esta vida, de la posibilidad de encontrar a álguien que se convierta en la primera dama... pero "eso son otras historias y deben ser contadas en otro momento". No recuerdo bien en qué libro aparece esta frase a menudo y me quedó grabada en la mente ¿La Historia Interminable?. No se...
