lunes, 26 de abril de 2010

Los milagros existen

No hace mucho tiempo comentaba a un gran amigo una reflexión vital. Le contaba que, cuando era adolescente me ocurrió algo que hoy en día no he podido todavía explicar del todo:

Eran las fiestas de Miraflores de la Sierra. Había ido allí con mi buen amigo Julio que tenía familiares residentes. A cambio echábamos una manó a su tío en la vaquería ordeñando, limpiando, dando de comer a las vacas y cabras. Esa labor se hacía dos veces por día, a las 5 de la mañana y a las 5 de la tarde. La verdad es que el resto del día lo empleábamos en juerga, fiesta, diversión... agotador, no había tiempo ni para dormir, a lo sumo una o dos horas entre actividad y actividad. En medio de esa vorágine, una noche, poco antes de ir a la vaquería, uno de los amigos de allí y yo conocimos a dos chavalas que volvían a casa de fiesta y entablamos conversación con ellas (lo que es la juventud, sin complejos..). El caso es que la que me tocó en suerte era una chica rubia, guapísima y muy dulce, Marimar, de ella mantengo el recuerdo de su rostro y de que seseaba de una forma graciosa y a la vez atrayente. Acabamos casi llegando tarde a la labor de vaquero pero pudimos quedar al día siguiente.

Y así fue, la busqué entre las muchedumbre congregada entorno a la barbacoa comunitaria y la encontré. Estuve con ella toda la tarde y noche. La magia iba en aumento cada instante que pasábamos y el sentimiento al parecer era mutuo.

Por la noche, al final de la jornada, la maldita inexperiencia juvenil hizo que siguiera con ella el mismo guión que con las otras chicas con las que me había enrollado: ir hasta dónde me dejaran sin pensarlo. Mis besos, mis caricias iban ganando terreno sin afianzar el conquistado y llegó el momento en que me tuvo que parar de la forma más dulce que nunca habían empleado conmigo pero firme a la vez. En ese momento me di cuenta del error y pedí perdón arreglando (o eso creía yo) el fallo de haber estropeado algo que era tan bonito que tendría que tener cárcel...
El caso es que el resto de la noche, siguió siendo idílico: paseo bajo el majestuoso manto de estrellas de una noche de verano en la sierra madrileña, la tranquilidad que se respiraba en las afueras del pueblo, el canto de grillos. La calidez del momento compensaba con creces el refresco de la madrugada serrana.. en fin.
La fatalidad hizo que al día siguiente ella tuviera que irse a Madrid. Me dejó escrito en una servilleta su número de tlf y yo hice lo propio con el mío (por aquel entonces no había telefonía móvil). Al volver yo también a Madrid, la nube en la que me encontraba desapareció bajo mis pies cuando me di cuenta que había perdido la servilleta. Desesperado, la única información que tenía era que vivía en San Sebastián de los Reyes, un pueblo al norte de la capital.
Cuando estaba dispuesto a recorrerme el pueblo a pie, en fiestas (famosas por sus encierros) recibí una llamada suya. Hablamos largo tendido y quedamos en que me volvería a llamar. Esa fue la última vez que supe de ella. Por supuesto, a la semana siguiente recorría ese pueblo de cabo a rabo y, por supuesto sin resultado. Volví a Miraflores con la esperanza de que alguien supiera de ella pero nada...

El análisis que siempre hice fue que de alguna manera yo la había cagado y había estropeado algo que cada persona tiene sólo una vez en la vida, un flechazo, un sentimiento que te hace flotar y que al mismo tiempo, si sale mal, te hace sufrir. Soy consciente de que todo aquello pudo estar influenciado por el romanticismo que rodea la adolescencia y de que quizá ella no tuviese la misma sensación, pero no creo. Al final, la resignación hizo que admitiese que eso no volvería a pasar pues había perdido mi oportunidad....

Pues bien, LOS MILAGROS EXISTEN. Contra todo pronóstico y, en un momento de mi vida en el que algo así resultaba poco menos que imposible, después de 23 años vuelvo a tener esa sensación. De la forma más insospechada, de la manera más simple posible, este fin de semana regresé a la adolescencia, me desparecieron los signos de la edad, y de nuevo he vuelto a sentir que flotaba en una nube por unos instantes. No ha sido nada premeditado, muy al contrario, la filosofía de vida dictaba un comportamiento radicalmente distinto al que he tenido. La conocí hace dos semanas pero ha sido este fin de semana cuando, de forma inesperada, ha surgido un sentimiento que pensaba muerto y enterrado, olvidado, relegado a ser un recuerdo de tiempos pretéritos que de vez en cuando acudía a mi mente para manifestar que alguna vez estuve vivo y supe lo que era la felicidad, aunque sólo fuese una tarde con su noche, unas maravillosas horas.

Anoche de nuevo tuve esa sensación y pese a mi falta de fe, ruego a Dios que esta vez no pase nada que lo estropee. Pido una oportunidad al destino que tantas veces me la ha negado.
Mi alma, a la fuerza rodeada de una coraza blindada se ve otra vez expuesta a ser vapuleada pese a las advertencias de la razón. No se muy bien cómo acabará ésto, pero la posibilidad de que se pueda prolongar en el tiempo esa sensación aunque se atempere por el paso de éste, merece la pena. Y tengo claro que si sale mal volveré a sufrir pero hoy, en este instante, estoy dispuesto a correr ese riesgo, a volver a ser vulnerable.
Espero que los años me hayan dado también sabiduría para mantener la ilusión, en mi y en mi pareja, para perpetuar en el tiempo la nube que sostenga esa relación.

Puede ser que me esté precipitando, que esté lanzado las campanas al vuelo demasiado pronto, pero es lo que me pide el cuerpo, lo que no puedo evitar por mucho que me den miedo las posibles consecuencias y así lo voy a hacer. Mañana puedo estar lamiendo mis heridas de nuevo pero hoy, lo que es hoy, voy a disfrutar el momento. Hoy voy a ser feliz, mañana.. Dios dirá


domingo, 4 de abril de 2010

LA CHICA DEL VESTIDO GRIS

Bueno, tras los días reparadores en la playa, vuelta a empezar con la rutina.. ¿rutina? leche, si no paro!!... Soy al revés de todo el mundo, me fui de vacaciones de viernes a miércoles y ese día, cuando todo el mundo tiraba para Levante, yo volvía ya con las pilas cargadas. Y eso porque dada la precaria situación económica que me ha generado el comenzar desde cero y la financiación de una vida socialmente agitada, necesito currar más de lo debido y cualquier oportunidad de sacar unos eurillos más no la desaprovecho.
Tengo que currar de jueves a domingo, de 11 a 13 y de 17 a 21. Bah!, como no madrugo, puedo salir por la noche y lo sorprendente es que pese a acostarme sólo tres o cuatro horas antes de tener que salir pitando, no estoy como para que me arrastren, sigo aguantando aunque lo cierto es que empiezo a pensar en levantar un poco el pie del acelerador, más que nada para que no me ocurra como a Fernando Alonso en el Gran Premio de hoy, que se me queme el motor.
Por otro lado, es que me lo paso genial, conozco gente guay, me río con mis amigos y no se me hace eterna la noche, al menos de momento. Parece que he encajado bien ésto. Además, no cada día, pero si de vez en cuando, vas teniendo sensaciones agradables (también de las otras, pero eso forma parte del guión) tales como la que anoche tuve:
Normalmente, a las chicas que no son tus amigas, los tíos es lo que tenemos, que la mayoría de las veces las contemplas como objetivos potenciales de tu voracidad vampírica. Luego, no sacar los colmillos es lo habitual, pero no dejas de tener ese pensamiento. Pues bien, anoche, vi a una chica, la chica del vestido gris, preciosos ojos claros, profundos como espejos y una sonrisa capaz de deslumbrar a Stevie Wonder. Alguna otra vez la he visto en Adraba (o eso o en mis sueños), la discoteca que últimamente frecuentamos y por alguna extraña razón no despertó mis instintos depredadores sino otros que creía ya enterrados y olvidados en el baúl de los recuerdos adolescentes, cuando tenías aquellos idílicos flechazos y pensabas que esa podía ser la mujer de tu vida. Fue sólo un momento y nunca me hubiera atrevido a intentar conocerla, pues aunque no lo parezca, soy de naturaleza tímida, pero la mera aparición fugaz de ese sentimiento indica que debajo de la imagen de roca fría subyace vida donde sólo situaba muerte. En fin sólo fue un momento y sigo fiel a mi filosofía actual de vivir la vida (suponiendo que el destino no juegue conmigo y me haga conocerla porque entonces....), pero de cara a un futuro que ya creía perdido puede que aún exista esperanza para un desahuciado como yo en eso del amor...